Contacto  Directorio Intranet Sitios A-Z
Búsqueda

Mensaje de la oradora

MENSAJE
GRADUACIÓN DE LA UDLAP

12 DE JUNIO DE 2010
LIC. BLANCA ALCALÁ RUIZ
PRESIDENTA MUNICIPAL DE PUEBLA
GOBIERNO MUNICIPAL 2008-2011

I
Me siento honrada de estar aquí y compartir este momento con jóvenes de la generación 2010.

Gracias señor Rector por su invitación, pero particularmente por continuar como desde hace 25 años, con su ejemplo de liderazgo y hoy de compromiso al frente de nuestra universidad.

También saludo al Secretario de Educación, a los integrantes del patronato, a los maestros y a las familias de los jóvenes graduados; que la mayoría de las veces son héroes y heroínas anónimas en el reto que implica, más allá de la aportación económica para su formación, el apoyarlos cada día para lograr esta meta. Sé que su amor los sostiene todos los días.

Por supuesto, de manera especial, saludo a las estrellas de esta mañana, a las y los integrantes de la generación 2010.

Felicidades, nos sentimos muy orgullosos de ustedes.

Antes de iniciar mi intervención como oradora invitada a esta ceremonia anual de graduación, permítanme una confesión.

De los múltiples mensajes que he tenido que pronunciar y de  las numerosas pruebas que a lo largo de mi vida profesional he tenido que pasar, este discurso y esta fecha revisten una complejidad especial.

Primero, por tratarse precisamente de uno de los momentos más importantes para los mil 487 estudiantes que esta mañana culminan una etapa de su vida que involucra múltiples horas, días y meses de estudio, proyectos y exámenes para llegar a esta fecha.

Parece que fue ayer cuando estaba sentada en su lugar y me pregunté qué decirles a quienes se disponen a iniciar un nuevo reto. Se imaginarán, la respuesta no fue fácil y la responsabilidad es enorme.

Segundo, por tratarse de la institución que me formó y en la que su actual Rector, el Doctor Luis Ernesto Derbez, fue uno de los maestros que en la cátedra de Economía Mexicana me enseño a analizar a mi país, conocer sus fortalezas y debilidades y con rigor científico, de manera crítica y objetiva, buscar soluciones para su población.

Y que hoy como ex alumna, traigo a la memoria, en el ejercicio que me corresponde gobernar como presidenta municipal, la cuarta ciudad más importante de México.

Y tercero, porque el momento en que  habrán de incorporarse al mercado laboral, se inserta en el contexto de un mundo globalizado, de incertidumbre económica, pero sobre todo en tiempos donde el mayor reto es construir una sociedad más humana, donde la responsabilidad, créanme, es de todas y todos sin excepción.

II
En este contexto, deseo compartir con ustedes algunas reflexiones sobre lo importante que representa formar parte de la comunidad UDLAP, del orgullo pero también de la enorme responsabilidad que a partir de este día los acredita como sus egresados.

Por otro lado, referirme al papel que desde este día tendrán como ingenieros, administradores, abogados o contadores. En una palabra: como tomadores de decisiones en sus distintas esferas de acción, pero particularmente como ciudadanos del mundo.

  1. El orgullo de ser UDLAP

Desde el día que llegaron muchas cosas han sucedido. Es más, desde aquél verano de 1940, fecha que dio origen a esta institución.

En aquél entonces, la sede de la universidad se inició en la ciudad de México, para trasladarse años más tarde a la Ex-hacienda de Santa Catarina y erigirse con el tiempo en una institución de prestigio en México y América Latina.

Los cambios en estos años han sido múltiples, ustedes mismos forman parte de una etapa de enormes desafíos de esta universidad; de momentos que han tenido que afrontarse con firmeza, superando sus propias crisis, creciendo frente a momentos difíciles y al hacerlo los convierte a ustedes en parte del orgullo de esta institución que surgió hace 70 años.

En estas décadas, la universidad se hizo famosa por la calidad de sus instalaciones y lo emblemático de su campus, pero sobre todo por su excelencia académica; que hoy con 54 miembros del Sistema Nacional de Investigadores, la coloca como la universidad privada con el mayor número de investigadores en el país.

Sus familias los enviaron aquí o ustedes decidieron venir, los motivos fueron diversos, pero ambos coincidieron que educarse es uno de los asuntos importantes que un ser humano debe hacer con su vida.

Les aseguro que en más de una ocasión se habrán preguntado:

¿Por qué dejar tantas cosas divertidas para invertir tiempo y dinero en discutir con los profesores, sufrir la tensión de los exámenes, batallar con las plataformas tecnológicas o leer interminables bibliografías?

Pero también sé que si llegaron a este sitio, fue  porque se atrevieron a decidir que era importante realizarse como profesionistas y personas.

Durante este tiempo sus maestros se han convertido en mentores, sus clases en el escenario de la investigación, la polémica, el descubrimiento; sus compañeros en los amigos de su vida.

Sé que para muchos de ustedes el viaje no ha sido fácil, algunos probablemente crecieron como yo, en el seno de una familia de esfuerzo y trabajo permanente y pusieron la esperanza en obtener una beca que nos permitiera el acceso a esta universidad.

Quizá tuvieron que enfrentar el escepticismo de que no lo lograrían.

Y tal vez se encontraron a personas que pensaban que era poco probable que un chico o una chica como yo o como ustedes pudiéramos tener éxito en una escuela como la UDLAP.

Pero al igual que una servidora, muchos de ustedes sabían que lo lograrían y aquí están.

Las historias que esta mañana merecen contarse, son muchas quizá cientos, porque atrás de cada uno de los graduados existe una historia personal, digna de valorarse, como la de los estudiantes de derecho que por su talento y tenacidad formarán parte en los próximos días de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

O la de Esteban Morales Murillo, joven becario que se convertirá en el primer nanotecnólogo en ingeniería molecular de nuestro país y de América Latina.

Y qué decir de José Víctor Ocaña, mejor conocido como JV, por sus compañeros, que sin importar su condición de capacidades diferentes, no le impidió concluir satisfactoriamente la carrera de ingeniería en sistemas.

Del mismo modo podría detenerme unos minutos en los jóvenes que desde ciudades distintas, cada semestre dejaban el confort del hogar familiar para llegar a Puebla a estudiar, a encontrar nuevos amigos; o en los deportistas, como Ariane Robinson, que competían representando a la universidad al mismo tiempo que trabajaban para obtener buenas notas para pasar el semestre.

O de los numerosos jóvenes que ejercieron actitudes de liderazgo en el desarrollo de actividades extraescolares, en las mesas directivas, en los congresos, en los intercambios académicos, siempre enriqueciendo su formación profesional.

Durante estos años, algunos tuvieron que enfrentar la pérdida de algún ser querido, la inestabilidad de una posición y en más de una ocasión pensaron que no concluirían la carrera.

Mención especial merecen quienes compartiendo la responsabilidad de un trabajo y una familia, se dieron tiempo para concluir los estudios de maestría o de doctorado.

Y aquí están todos, han llegado a este momento y es paradójico, precisamente al alcanzar esta meta un nuevo conjunto de desafíos les espera.

Y habrán de empezar a sentir, cada vez que superan un obstáculo y logran algo grande, que otra barrera está justo ahí para tomar su lugar.

Sé que esto puede ser frustrante, especialmente para jóvenes como ustedes que tienen que enfrentar una cultura popular, que no siempre privilegia el valor y el compromiso.

Una cultura que glorifica con respuestas fáciles las gratificaciones instantáneas y el ascenso rápido.

Sobre ello gira mi segunda reflexión:

  1. Su inserción en el mundo laboral

Su generación tiene la mayoría de edad en una cultura que celebra la fama fugaz de la televisión, en vez de las arduas labores del éxito duradero.

Una cultura que eleva el rumor o el descrédito sobre los graves problemas y las soluciones que den forma a nuestro futuro en las próximas décadas.

Una cultura que nos dice que nuestra vida debe ser fácil y que podemos tener todo lo que queramos sin mucho esfuerzo.

Sin embargo, todos sabemos que la vida realmente no funciona de esa manera, aún en condiciones económicas favorables hay que trabajar, crear e innovar.

Lo mismo en las empresas privadas que en las instituciones públicas. En todos los casos se requiere de esfuerzo y trabajo duro.

Sin embargo, contrario a lo que se cree, que la vida es fácil y llena de comodidades, que todo se puede comprar; en realidad la vida es compleja, los seres humanos somos imperfectos y siempre habrá pruebas que superar y cuando logren hacerlo, esas mismas pruebas les ayudarán a descubrir su talento, su carácter y la obra de su vida.

Graduados: me gustaría sugerirles esta mañana, que al insertarse en el mundo profesional se encontrarán un México y un mundo competido y más desafiante que nunca.

Los avances tecnológicos, los descubrimientos genéticos, la multiplicación del conocimiento, el relevo generacional, la globalización, la inequidad social, la diversidad cultural y aún la incertidumbre del futuro profesional y laboral les exigirán abordar retos inéditos, en escenarios vertiginosos al mismo tiempo que fascinantes.

Ese es el verdadero rostro del siglo XXI al que deberán enfrentarse. Un universo en el cual el desarrollo del talento será la clave para funcionar ante los desafíos que se encuentran.

La sociedad del futuro exigirá que desarrollen al máximo su capacidad de innovación. No me refiero sólo a los descubrimientos científicos, sino a las nuevas formas de hacer las cosas en todas las disciplinas que permitan construir un mapa de progreso.

Por ello, debemos reconocer que si queremos ser jugadores competitivos en la arena global, sólo podremos lograrlo si actuamos a fondo en el campo de la tecnología, el conocimiento, las ciencias y la ética.

México tiene que avanzar hacia un nuevo tipo de crecimiento, sustentado por energías renovables, basados en conciencia ecológica de consumo inteligente.

Favorecer un crecimiento verde actuando con eficacia y rapidez en los temas cruciales, desde la reducción de gases efecto invernadero, la gestión del agua, hasta la distribución de la riqueza.

Pero en todos los casos será necesario desarrollar talento y junto a él, temperamento, integridad y carácter para abordar los problemas y diseñar sus soluciones. Ahí los necesitamos.

Ahí es donde queremos verlos: creando, respetando la diversidad, cumpliendo los compromisos y apegándose a la ley.

Esa es la ética, los valores y el coraje que darán sentido a lo que hacen y a lo que quieren ser en la vida.

Amigas y amigos:

De ninguna manera busco que mi intervención persiga la utopía de hacer de la condición humana el modelo perfecto, se trata sólo de pedirles que apliquen la ética que esta universidad le ha enseñado y que la sociedad demanda.

Se dice que los seres humanos abandonamos nuestros sueños por miedo a fracasar, o peor aún, por miedo a tener éxito.

Muchas veces cuando las cosas no marchan bien pensamos que todo ha terminado y que, como decía Roosevelt: la luz de nuestras vidas se ha ido para siempre. No es verdad.

Siempre es sólo el principio, porque la grandeza viene y nos pone a prueba cuando resistimos fracasos o decepciones. Sólo entonces comprenderemos lo maravilloso que es salir adelante.

Cuando lo hagan sus años en la UDLAP cobrarán sentido. Habrá de ponerse a prueba el equipamiento intelectual forjado en las aulas y el temple personal para afrontar con éxito lo que venga.

En ese momento el contrato de confianza en que se funda la relación entre escuela, padres, estudiantes y sociedad, habrá cumplido su cometido.

Jóvenes, hagan de su vida algo trascendente y asuman que para superar muchos de los retos que nos plantea la vida, la solución es fijarnos metas que le den significado a la existencia cotidiana.

Deseo para ustedes una vida de esperanza y sueños cumplidos y que cada vez que se desanimen, vean a los que vinieron antes que  ustedes.

Y díganse a sí mismos: si otros pudieron, nosotros también podremos.

Les aseguro que los buenos profesionistas no nacen, se hacen. Se forman así mismos, tienen la determinación de ponerse al frente.

Se esfuerzan como los grandes creadores, nunca se confían en que ya dominan plenamente el oficio.

Por el contrario, los buenos profesionistas practican y aprenden permanentemente las disciplinas que los ayuda a dominar su oficio.

No se engañen, ni engañen con la realidad, pero tampoco renuncien a su ideal, definan un proyecto, tracen una estrategia, formen equipos, fíjense metas y conquístenlas.

Estoy segura que ustedes serán esos profesionistas que demanda nuestro tiempo.

Finalmente los invito a que amen a su país, no sólo al que fue y es, sino al que puede y debe ser.

En sus manos está transformar el país que los necesita. Sé que lo harán.

Les deseo toda clase de éxitos en el camino que tiene por delante.

Felicidades.